Eso hizo Donald Trump. Y este lunes, la Corte Suprema volvió a decirle que no.
Lo digo así de directo porque me indigna, y no tengo por qué disimularlo. Un jurado ya lo encontró responsable de abuso sexual contra E. Jean Carroll, en un vestidor de Bergdorf Goodman, a mediados de los noventa. Lo encontró responsable, además, de difamarla después, en 2022, cuando llamó su acusación un “con job” completo en Truth Social. Dos tribunales de apelación confirmaron ese veredicto. La Corte Suprema se negó a revisarlo en junio. Y cuando su equipo legal le pidió que reconsiderara esa negativa, algo que casi nunca se concede, volvió a decir que no. Otra vez.
El dinero, 5.63 millones de dólares con intereses, ya está pagado. Ya está en manos de Carroll. No queda una puerta legal más que tocar en este expediente. Se acabó.
Y aun así, algo en mí no puede simplemente pasar la página con el mismo desapego con el que se lee un boletín judicial. Porque aquí hay una mujer que esperó más de veinte años para hablar. Que cuando finalmente lo hizo, tuvo que sostenerlo frente a un jurado, frente a apelaciones, frente al hombre más poderoso del país y su ejército de abogados. Y ganó. En cada instancia, ganó.
Lo que me indigna no es solamente lo que pasó en ese vestidor hace treinta años. Es lo que sigue pasando ahora, en tiempo real, delante de nuestros ojos. Porque mientras los abogados de Trump agotaban su último recurso ante la Corte Suprema, el lenguaje público nunca cambió: “cacería de brujas,” “hoax,” “lawfare.” La misma semana en que pierde formalmente, de manera definitiva, sigue hablando como si nunca hubiera perdido nada.
Y ahí está lo que de verdad me detiene a pensar. No es que haya perdido, otra vez. Eso ya lo sabíamos. Es que perder, en el sentido más final y oficial de la palabra, no altera absolutamente nada de la historia que él mismo cuenta en público. El sistema judicial hizo su trabajo, hasta el último recurso disponible. El relato político sigue exactamente donde estaba antes de que empezara. Como si fueran dos países distintos que nunca se hablan entre sí.
Y todavía falta un capítulo. El otro caso, el de los 83.3 millones por comentarios que hizo en 2019 siendo presidente, sigue vivo ante la misma Corte, con una pregunta de fondo mucho más compleja: inmunidad presidencial. No se espera resolución antes del otoño. Así que esto no cierra hoy. Solo se cierra uno de los dos frentes.
He cubierto suficientes casos como para saber que el silencio institucional alrededor del abuso puede durar décadas. Lo que no sabía, hasta este caso, es que la negación pública, aparentemente, no tiene fecha de vencimiento. Ni siquiera cuando la Corte Suprema ya no te deja ni una apelación más.
¿Ustedes qué creen, #BelloNation? Los leo.
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