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En mi opinión

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Cuando un gesto pequeño se vuelve una gran pregunta

Hay momentos en la vida de un país en los que la política debería desaparecer por completo.

Uno de ellos ocurre en la base aérea de Dover, en Delaware.

Allí se realizan las ceremonias conocidas como “dignified transfer”, cuando los cuerpos de militares estadounidenses caídos en combate regresan a casa cubiertos por la bandera de Estados Unidos. Es un ritual profundamente solemne. Los féretros llegan en silencio. Las familias esperan. El país entero, simbólicamente, recibe a quienes murieron sirviendo.

En esas ceremonias, cada gesto importa.

Por eso llamó la atención una imagen reciente del presidente Donald Trump durante la llegada de seis soldados estadounidenses muertos en la guerra con Irán.

Trump acudió a Dover Air Force Base para recibir los féretros y saludar a los militares caídos, un deber que forma parte del rol de cualquier comandante en jefe. Pero mientras los ataúdes cubiertos con la bandera eran trasladados frente a las familias y al personal militar presente, el presidente llevaba puesta una gorra blanca con la palabra “USA”.

Puede parecer un detalle menor. Y en términos legales lo es. Nadie enfrenta consecuencias por usar una gorra en una ceremonia de este tipo.

Pero en Estados Unidos existen tradiciones culturales muy arraigadas alrededor del respeto a la bandera, al himno y a los soldados caídos. Una de ellas es quitarse el sombrero o la gorra como señal de respeto en momentos solemnes.

No es una ley.

Es una costumbre.

Por eso la imagen generó críticas inmediatas entre algunos veteranos, analistas y figuras políticas. Para muchos, ceremonias como el “dignified transfer” buscan ser momentos completamente institucionales, desprovistos de cualquier símbolo personal o político.

Trump sí saludó a los soldados mientras los féretros pasaban frente a él. El gesto militar estuvo allí.

Pero el detalle de la gorra se convirtió rápidamente en el punto de discusión pública.

Y ese detalle importa, porque estos rituales no están pensados para los líderes.

Están pensados para los caídos.

Son momentos de duelo nacional en los que la atención debería concentrarse únicamente en quienes regresan a casa bajo la bandera que defendieron.

Quizás, al final, la discusión no sea sobre una gorra.

Sino sobre cómo los líderes entienden —y representan— el respeto hacia quienes dieron su vida por su país.

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